Por Fernando Cabrera Después de diez años Ecuador tiene una nueva Constitución Política del Estado. ¿Qué significa eso en el fondo? ¿Qué cambiará y cuáles son las reformas más importantes en la naciente Carta Magna? Las reglas del juego han quedado establecidas en la nueva Constitución aprobada por la mayoría de ecuatorianos. Al presidente, Rafael Correa, le toca ahora hacerlas cumplir. Y parece que está decidido a hacerlo. "Ha nacido un nuevo país, las viejas estructuras han sido derrotadas... Quiero agradecer a Dios, al pueblo que no se ha dejado convencer por la manipulación...", dijo, después de haberse conocido los resultados parciales de la consulta del domingo pasado. A diferencia de Bolivia, donde la Asamblea Constituyente tuvo que sesionar durante un año y medio para elaborar un proyecto de constitución, y que fue aprobado "a la rápida" por los asambleístas del oficialismo, en Ecuador el trabajo se hizo en ocho meses. Dos diferencias sustanciales hicieron posible eso. En el caso ecuatoriano se estableció la regla de la mayoría absoluta, de tal modo que bastaba el voto de la mitad más uno de los asambleístas para aprobar los artículos de la Constitución mientras que en Bolivia rigieron los dos tercios y eso complicó las cosas. Es decir, sirvió de argumento a los opositores al cambio, para complicarlas. Otra diferencia primordial fue que en el caso ecuatoriano Alianza País, el partido de gobierno, tenía 80 de los 130 miembros de la asamblea lo que simplificó la aprobación del proyecto de Constitución. A pesar de eso, igual que en Bolivia, una parte considerable de los artículos, más de cien, se aprobaron en un sólo día lo que amenazó con quitarle legitimidad al proyecto. La razón fue que muchos de los asambleístas no tenían muy claro qué era precisamente lo que se debía reformar de la vieja Constitución y comenzaron por cambiarlo todo. Más tarde se enderezó ese proceso pero entretanto ya habían pasado algunos meses. "Se debía haber trabajado mejor", fue la crítica "a posteriori". El hecho es que la nueva Carta Magna ya está, y muy bien aprobada por nada menos que el 70 % de los ecuatorianos. El gran cambio ¿Qué cosas cambiaron? Lo primero es el modelo económico. La vieja Constitución elaborada el año 1998 legitimaba un modelo que reconocía una economía social de mercado. En el actual proyecto se pasa a una "economía solidaria". Esta reserva para el estado un papel muy activo no sólo como actor económico sino también como regulador del sistema. En otras palabras, se vuelve a establecer la planificación desde el gobierno central a través de un Consejo Nacional de Planificación presidido por el primer mandatario. Esta economía con fuerte intervención estatal no es nada nuevo en sí, pues eso se vio ya en varios países de la región en los años 80. Otro aspecto importante es el cambio del sistema político. Las relaciones entre el poder ejecutivo y el legislativo dan ahora al presidente muchas más facultades y atribuciones de las que ya tenía con la Constitución del 98 y que era tildada de "hiperpresidencialista''. La Constitución aprobada este pasado domingo faculta al presidente de la nación a disolver el órgano legislativo y convertirlo en Asamblea Legislativa. Para eso no necesitará pedir permiso a nadie. Bastará con que el legislativo se oponga al Plan Nacional de Desarrollo de forma reiterada e injustificada o en caso de producirse una grave crisis política y conmoción interna. Será el mandatario, a criterio propio y sin más trámite, quien lo decida. Para algunos analistas, indudablemente eso hará que se rompa el equilibrio de funciones, lo que, casi sin duda se prestará a manejos políticos. ¿Y qué? Responden otros. Eso no le quita lo democrático al asunto pues ha sido aprobado por una aplastante mayoría de los ecuatorianos. Sin embargo, como en los casos de Venezuela y Bolivia, a la larga los opositores de turno hablaran de "dictadura". Pueblos originarios Si en el caso boliviano el proyecto constitucional, que aún debe ser aprobado, le da un mayor protagonismo a los pueblos originarios y elimina, por lo menos en el papel, la existencia de ciudadanos de "segunda", en el caso de Ecuador la nueva Constitución no implica muchos cambios en ese sentido, pues estos ya se habían conseguido con la del 98. El movimiento indígena ecuatoriano logró que en el texto de la Carta Magna anterior se incluya la definición del estado como pluriétnico y pluricultural, además de una importante cantidad de derechos colectivos. La nueva Constitución Política del Estado ha mantenido todo esto y sólo añade el concepto de "plurinacionalidad." Lo que sí cambia, al igual que en Bolivia, es que se invierten las libertades y los derechos individuales colocándolos por debajo de los intereses de la sociedad. En otras palabras, los intereses colectivos predominarán sobre los intereses individuales. En la práctica se traducirá eso en políticas de nacionalización de los recursos naturales estratégicos y de reversión al estado de tierras no utilizadas. Oposición Es este punto el que le saca más ronchas al empresariado liberal, industrial y agrario y el cumplimiento de la nueva Constitución Política del Estado enfrentará a estos con el gobierno. Para asegurarlo no es necesario ser especialista en el tema y ni siquiera "yatiri". La resistencia mayor se espera que provenga de los sectores afincados en Guayaquil. El alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, quien hizo campaña por el NO a la nueva Carta Magna, dijo, sin embargo, que respeta la decisión salida de las urnas y se declaró abierto al diálogo asegurando que él es un "hombre civilizado". Pero ese diálogo sólo será posible si los grupos de poder conservadores del departamento de Guayas resignen y subordinen sus intereses a los de la gran mayoría. El prestigioso político y economista Alberto Acosta, quien presidió la Asamblea Constituyente, dijo al respecto: "Tenemos que entender que la Constitución no es de un presidente o de un Gobierno sino de todos los ecuatorianos, incluso de los que voten No, Nulo o Blanco porque es un proyecto en común." ¿Lo verán así también los opositores a Correa? ¿Será posible eso? Por el momento el presidente se ha anotado una gran victoria con la aprobación de la nueva Constitución que, a su juicio, "permitirá una mayor participación ciudadana, establecer una real democracia y poner en marcha objetivos trazados por esta Administración." Ahora, únicamente le resta ganar la reelección presidencial. |
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