Por Salvador Flores Llamas / Notimex Hugo Chávez proclamó la República Socialista de Venezuela y mediante el nuevo presidente de Ecuador, Rafael Correa, la América Latina Socialista, que suma a Cuba, Bolivia y Nicaragua, con clara dedicatoria a Estados Unidos. El miércoles 10 de enero Daniel Ortega volvió a la Presidencia de Nicaragua tras 17 años de haber dejado el poder y tres intentos por recuperarlo. Retrasó tres horas su toma de posesión en espera de Chávez -que andaba en iguales menesteres en Caracas-, al cabo empezó a proveerle de abundante petróleo a precio e intereses castigados y le abrirá dos refinerías en la tierra de César Augusto Sandino. He ahí el motor principal del nuevo club marxista-leninista, que va a causar muchos dolores de cabeza a los gringos, más que Castro en los 70, cuando se dio el lujo de exportar su revolución a nuestro subcontinente y de enviar tropas a África, subsidiado por la URSS, que lo sostuvo financieramente hasta que se desintegró. Cuando este lunes Correa protestó como presidente de Ecuador anunció que secundará la revolución socialista de Chávez y, para imitarlo, convocó para el 18 de marzo a una consulta popular para instalar un nuevo Congreso Constituyente, que decrete las disposiciones legales con tal fin. Rechazó de inmediato firmar el TLC con EE.UU., cuya negociación iba avanzada. En su otoño, el patriarca Fidel Castro ve realizado su sueño con este bloque antiimperialista, sostenido por el petróleo venezolano, al erigirse Chávez en dictador en vías de perpetuarse con la reelección indefinida, que decretará con los poderes metaconstitucionales que está a punto de otorgarle la Asamblea Nacional. Cambia así la geopolítica mundial, no sólo la latinoamericana, pues el Stalin tropical tiene nexos con Rusia, China, Norcorea, Vietnam del Norte, Libia e Irán, cuyo presidente Mahamoud Ahmadineyad visitó Caracas en días pasados y firmó acuerdos de energía y vivienda, industriales, mercantiles y tributarios para romper el aislamiento en que lo confinó su pugna con EE.UU. y Europa. Quién podía prever todo esto la madrugada del 12 de abril de 2002, cuando Chávez fue llevado del Palacio Presidencial de Miraflores a una base militar y el jefe del alto mando militar, general Lucas Rincón anunció que había firmado su renuncia como Presidente. Falta escudriñar qué ocurrió entonces, pues sólo dos días después el golpista reasumió la Presidencia y de ahí p’al real no sólo recuperó, sino aún se alzó con el poder máximo paulatinamente, basado en la riqueza petrolera y en una economía boyante, fincado en que es el cuarto proveedor de petróleo de la Unión Americana y amplió las facilidades a los inversionistas extranjeros, sobre todo a los de EE.UU. Todos vimos que, a partir del 2000, crecieron los ataques de Chávez a EE.UU. y sus descalificaciones personales a funcionarios de Washington y al propio presidente Bush. Y a unos días de que lo llamó diablo en la sede de la ONU en Nueva York, la General Motors celebró (este 26 de septiembre) 58 años en Caracas, lanzó cuatro nuevos modelos de autos y anunció que Venezuela estaba a punto de convertirse en su tercer mercando mundial en ventas. Eso explica por qué EE.UU. dejó crecer a quien se ha convertido en pupilo dilecto y mecenas de Castro, pues casi le regala el crudo; y hace recordar la famosa frase de John Foster Dulles, secretario de Estado con Eisenhower: "Estados Unidos no tiene amigos, sino socios". Y si bien la verborrea chavista en ascenso hizo temer por la relación bilateral, el intercambio comercial entre EE.UU. y Venezuela creció 33 por ciento el mismo 2006; pero ya se ven nubarrones a causa de los últimos acontecimientos. El 18 de agosto de 2004 Hugo Chávez venció el máximo obstáculo; el Consejo Nacional Electoral validó 2.4 millones de firmas opositoras y lo obligó a someterse a un referendo revocatorio de su mandato, que ganó con 59.06 por ciento de votos. Al anunciar como bases de su república socialista reformas constitucionales para controlar la producción y explotación de hidrocarburos líquidos y gaseosos y vedar la intervención privada en el sector petrolero, sobre todo en la producción de crudo pesado del Río Orinoco; Chávez da una patada a empresas como Texaco, Chevron, Phillips, Exxon, Mobil y Total, en mayoría estadounidenses, que operan en Venezuela. Fácil es colegir que se equivocaron quienes creían que EE.UU. impediría a López Obrador llegar a gobernar México pues vemos que, a sabiendas o por omisión, la megapotencia permite que en sus bigotes se le enfrente Chávez, fortalecido por su bloque; lo que tendrá consecuencias políticas serias. |
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