En el día que los estadounidenses llaman de “Thanksgiving” y que fue traducido a nuestro idioma más o menos como el Día de acción de gracias, tratemos de ejercitar un poco aquello que tanto nos reclamaban nuestros padres. Antes que nada, supongo que deberíamos determinar a quién es que debemos agradecer. Supongo que todos estaremos más o menos de acuerdo en que el principal destinatario de nuestros agradecimientos tendría que ser dios, ese abstracto por todos “conocido”. Pero a falta de la posibilidad de un diálogo absolutamente superior, probemos a hacerlo a través de sus interlocutores: Gracias a la muerte El primero de todos los que se me ocurre, si, adivinaron y disculpen, pero no parece haber nadie más cercano a dios padre en todo occidente que George W. Bush. Pues entonces empecemos por agradecerle a este campeón en guerras no peleadas por haber sido reelecto y así nos puede cuidar de los malos de este mundo, que ya vemos cada día cuántos son y cuánto se multiplican. ¿Qué haríamos sin alguien como él presidiendo el planeta? De paso, aprovechemos para agradecerle a este insigne paladín de la justicia, aunque sea algo tarde, por haber tenido el record en sentenciados a muerte en el Estado de Texas, librándonos vaya a saber de cuántas desgracias, ajusticiando a un número indeterminado de negros, latinos y enfermos mentales que no fueron receptores de una sola gota de su perdón (en la última convención científico-mística de Ginebra se estableció que el perdón es líquido y no gaseoso, como se había dictaminado en la reunión quinquenal de Estocolmo). Por seguir agradeciendo, agradezcamos por los miles de muertos en Afganistán e Iraq y con un poco de imaginación a priori podríamos agradecer por los que ya anuncian que vendrán. Pero no nos preocupemos, serán las muertes de otros tantos malvados en zonas maldecidas del mundo (que haya niños en estas limpiezas antisépticas no deja de ser molesto para la vista, pero tiene el beneficio de estar acabando muy posiblemente con el proyecto de futuros terroristas). Gracias a la vida Como elemento paradójico, con la caída de la ex Unión Soviética y la entrada de Rusia y sus satélites a la órbita política occidental, ocurre que en Latinoamérica tenemos hoy una serie de gobiernos que pretenden atender seriamente la necesidad de sus pueblos. Y digo lo de “paradójico” porque bien sabemos por cuánto tiempo manipularon a nuestros pueblos hablando de ideas extranjerizantes y filosofías ajenas a nuestra idiosincrasia y a nuestra nacionalidad y todos sabíamos de sobra a quién se referían. Venezuela, con Chávez a la cabeza y su proyecto latinoamericanista, al que nombró acertadamente como Bolivariano. Brasil, con un Lula que todavía tiene que demostrar algunas cosas fundamentales, sobre todo a su propio pueblo, pero del que no se dudan sus intenciones. La Argentina de Kishnner, con todo el peso que le dejara su antecesor en su corrupción y entrega total al neoliberalismo rampante. Uruguay, con el triunfo arrollador de la izquierda y su candidato socialista Tabaré Vázquez. Hay vientos renovadores en Bolivia y en Colombia están en vías de formar un frente común y progresista alternativo, para enfrentar en las próximas elecciones al neoliberalismo entreguista de Álvaro Uribe. Esto, unido a la testarudez de Cuba revolucionaria, conforma un mapa político latinoamericano que no tiene parangón en la historia de nuestro continente y del que se podría esperar algún resultado alentador. Por otra parte, el triunfo del Socialismo en España, abre algunas puertas al diálogo creativo y a la implementación de herramientas reales que apunten al resurgimiento de los verdaderos e inalienables derechos humanos y a una mejor distribución de la riqueza (dicho sea de paso, habría que incluir a esta distribución equitativa como un derecho humano fundamental). Como socio natural de los países al sur del continente americano, una España abierta, desprejuiciada y solidaria podría hacer un aporte muy importante en cuanto se encuentre con gobiernos honestos y bien intencionados. Una mujercita maravillosa, que duerme ahora a mi lado, me recuerda a diario que otro mundo es posible. Le beso los ojos apagados y pienso, mirándola quedamente, que es imposible no creerle. Le acabo de regalar un cuadro, que contiene un dibujo, donde la tierra embarazada (madre tierra, al fin) parece comenzar a elevarse y un rostro inadvertido de mujer, confundido en la ladera de una montaña, pareciera querer despertar despertándonos a todos. La hermosa ilustración está inspirada en un texto de esa belleza espiritual y física de la india llamada Arundhati Roy, que aparte de excelente novelista, es una luchadora incansable contra la guerra, la globalización deshumanizada y el neoliberalismo asesino. El texto dice: “No sólo es cierto que otro mundo es posible, ya está llegando…en un día tranquilo he podido sentir su respiración”. Gracias Tesoro, gracias Arundhati, gracias pobres del mundo, que dan sentido a tanto disparate, gracias Violeta Parra. Antonio Curis es un poeta y periodista Uruguayo que reside en Minneapolis |
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