Por Antonio Curis Dicen que en la fatídica e infaltable llamada telefónica que hacen los candidatos perdedores a los triunfantes, Kerry le dijo a Bush que le llamaba poderosamente la atención que los Republicanos habían vencido en los suburbios y los Demócratas en las grandes ciudades. Verdad irrefutable si se mira el mapa político electoral y los resultados. Se me ocurre que lo que Kerry estaba diciendo era más o menos esto: “Ganaste ahí donde el aislamiento de la gente y su correspondiente falta de información sobre el mundo exterior es muy marcada”. “Ganaste donde se hace fácil la manipulación de esa misma gente a través del concepto de “patria en guerra”, donde la idea de que somos el bien, los beneficiados por dios, la geografía y la historia y somos atacados por las fuerzas del mal, la frustración y la envidia, es el pan de cada día”. “Ganaste donde la educación es muy limitada y los slogans de las grandes transnacionales de la información ejercen su desinformación sostenida”. Esto lo digo yo, pero supongo que bien podría ser la deducción lógica del comentario del candidato Demócrata. Ahora bien, convengamos que los mismos Demócratas son los mayores responsables de su derrota. La tibieza de sus denuncias y sus proyectos sociales corresponden totalmente con los lineamientos “democráticos” históricos de la política de este país. Porque si Ud. tiene un muerto en el closet de su casa no se atreverá a llamar a la policía para denunciar el asesinato de que es testigo en la casa del vecino. Demócratas y Republicanos, Republicanos y Demócratas, se han alternado en el gobierno sin desviarlo una pulgada de su “destino manifiesto”. Los poderosos parecieran observar estas contiendas electorales con algo de aburrimiento y con el fastidio pueril de quien reconoce, sin embargo, la necesidad de su existencia en el calendario político, para que todo siga “en su lugar”. No se les mueve un pelo, no arriesgan nunca nada. Es muy probable que les convenga que gane éste o aquél según la industria que representen. Es de imaginar, por ejemplo, que los fabricantes de armas usaron todo su poder económico y su influencia para que la Casa Blanca no tuviera nuevos inquilinos, en esta ocasión. No sea que aparezca alguien, con ínfulas de traer al tapete esa bazofia de los Derechos Humanos y se empiece a cuestionar el uso de la fuerza indiscriminada, que hoy está tan de moda en los centros de poder de Washington. Pero seamos razonables: si alguien produce papel higiénico ya se sabe cuál es el órgano que más le interesa que ejercitemos. Por lo mismo, es de entender que a los fabricantes de armamentos les ocasione un éxtasis casi orgásmico el ver lluvias misílicas cayendo profusamente sobre ciudades lejanas. Los muertos contarían en este caso como “pérdidas secundarias”. Molestias indeseables pero a la vez imposibles de evitar. La defensa de ciertos valores morales y religiosos suelen aportar la necesaria anestesia. Pero volvamos a esto que llaman elecciones y a ese otro esperpento que llaman democracia. Hace tiempo que a la democracia le pusieron un apellido: Representativa eligió el genio de turno. Lindo, implicaría que de algún modo nos representan. El mensaje es muy claro: “Venga, elija a alguien que está en el aparato de Washington y después duerma tranquilamente por cuatro años, que no tenga dudas que habrá de ser bien representado”. Los griegos de la antigüedad, que con Sócrates a la cabeza dieron a luz esta palabra, deben estar llorando desconsoladamente en todas sus innombrables partículas (“nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”). Digo todo esto porque Democracia implicaría la participación constante de la gente en el quehacer diario. Y esto a su vez implica “meterse” en política, que si no me equivoco es el arte de gobernar. Convengamos también que “política” se fue convirtiendo en una mala palabra. Como si pretender servir a la comunidad de que se forma parte fuera, en sí, algo de qué desconfiar. Ocurre que el espectro se fue llenando de políticos “profesionales” y ya sabemos que entre las aspiraciones de los profesionales, una de las importantes es la de aumentar los ingresos. En los EEUU, básicamente, se puede elegir cada cuatro años entre dos candidatos que no ponen en tela de juicio la estructura política, económica y social de que forman parte. Por si fuera poco, se necesitan además, millones de dólares para aspirar a ser candidato presidencial. Pobre mundo, esta “democracia” es el ejemplo a seguir para muchos que se babean observando en vivo y en directo las convenciones de estos dos partidos, a los que nadie pone en duda su repugnante hegemonía. Me atrevería a decir que EEUU tiene la dictadura mejor planificada en toda la historia de la humanidad. De acuerdo, el PRI en México fue uno de sus alumnos más adelantados. Democracia, pobre democracia. Y eso que no he mencionado los afamados lobbys, donde una ley que podría beneficiarnos a todos es literalmente bloqueada por los intereses de una compañía. En realidad pensaba escribir sobre esta última elección. Pero cómo juzgar el huevo envenenado y deforme que da una gallina, cuando fue expuesta a radiaciones nucleares y alimentada por desechos contaminados de la más variada especie. P.D.: Me hacen llegar dos e-mailes. En uno me piden que envíe una de estas cartas eléctricas a una dirección determinada porque hay congresistas pretendiendo hacer una investigación de las anomalías de esta última elección, que parece son muchas. Lo envío sin mucha esperanza. En el otro hay cientos de fotografías de personas de distintas culturas, clases sociales y toda la geografía de la Unión Americana pidiendo perdón al mundo por el resultado electoral. Me sorprende una: un cartel escrito a puño y letra que sostiene una Sra. apesadumbrada, dice: “Les juro que yo no elegí al monstruo”. |
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