Acaba de morir Fidel Castro, una vez más acaba de morir. Esta vez fue en Santa Clara, el día 20 de octubre, en la plaza Ernesto Che Guevara, luego de un discurso ante los graduados de arte de esa misma provincia. Igual que había muerto una tarde, en extremo soleada y tercamente habanera, del año 2002, en la que se desvaneció hacia delante y apoyó su frente en los sorprendidos micrófonos nacionales y extranjeros, que hicieron las veces de Simón Cireneo para el Cristo de la imposible cruz. Ahora “al morir” se fracturó la parte superior del brazo derecho y la rodilla izquierda y pudo sentarse en una silla y mientras esperaba el automóvil que lo movilizara pidió al pueblo de Santa Clara y a los artistas allí presentes, tranquilidad y que continuaran con el acto. El hombre murió otra vez y van no se cuántas muertes, tiene la virtud de haber sido el mortal que más veces ha resucitado en la contradictoria y confusa historia de la humanidad. Quienes lo “matan” han hecho de esto una especie de juego grotesco. Guiando un convertible de lujo por Miami Beach o comiendo un suculento almuerzo en el Versalles de la calle ocho, destapan el champán de la ignominia, que va para 45 años de agriado, sin entender que la muerte del máximo líder de la revolución cubana será su mayor y más avergonzada derrota. ¿Cómo Ud. puede alegrarse con la desaparición física del “Sátrapa rojo”, “El asesino mas grande de la historia”, “La malicia hecha carne por el mismísimo Lucifer”, cuando Ud. no ha hecho nada para moverlo un milímetro de su podio, cuando Ud. vocifera a buen recaudo, desde un exilio tan “doloroso” en el que se dedicó a incrementar en colesterol a sus cuentas bancarias, a su mujer y/o a su querida de joyas tan triviales como costosas, a la mansión de Key Biscayne y/o Coral Gables de Mercedes Benz y a su boca de alardes de la superficialidad más rampante? Si quedara algo de moral y sentido común deberían decir algo más o menos así: “Nos derrotó hasta en la muerte, definitivamente tuvo más coraje, capacidad y amor por su pueblo que toda la palabrería hueca que hemos gastado y regastado en todos estos años...” Pero esto es puro delirio infantil de quien esto escribe, la realidad nos muestra que festejarán su derrota, haciendo alarde de la mayor de sus múltiples paradojas. Festejarán la muerte del sostén de sus minúsculas vidas. El odio a la incomprensión de tanta porfía (convengamos en que es un amorodio). Ese encono feroz, desencajado, hacia quien piensan que con su testarudez soberana lo único que ha logrado es afear la antes considerada “perla de las antillas” y ahora adolece de falta de pintura y otros cosméticos que la hacen tan poco presentable al mundo exterior (en parte por no aceptar limosnas ni manipulaciones de su soberbio vecino del norte). Odio que los ha mantenido en unidad en su insensibilidad y sus errores, odio que los ha autovictimizados frente a la “incomprensión” de sus hermanos latinoamericanos. En este comienzo de milenio, en este mundo peligrosamente globalizado, Fidel Castro se ha convertido en una especie de porfiado Quijote de los olvidados, con la misión de no ceder un ápice en la conquista de nuestra anémica dignidad, que si no digo moribunda es en parte por su admirable verticalidad en defenderla hasta las últimas consecuencias. Los que tenemos otra visión del mundo vemos en este “viejo terco” que cabalga a pelo en el Caribe, la esperanza de una independencia real. Escribo esto, sabiendo que seré catalogado como “tonto útil” por los simplistas de siempre. Adjetivación fútil, por decir lo menos, que me hace pensar en Perón, tan traidor de su pueblo, hablándole un idioma y jugando unas cartas sucias bajo la mesa con el FMI., la CIA. y las transnacionales. Después de todo pienso que todos tenemos algo de tontos y de útiles. Ellos eligieron esa frase para referirse a la honestidad que creen equivocada, nosotros podríamos pensar que también ellos son útiles en algún sentido, eso si, no tan tontos, cuando lo que acarrean va a parar a sus abultadas arcas, tan bien protegidas desde los púlpitos de la religión católica. La realidad no es complicada, la complican por aquello del río revuelto y la ganancia del pescador. Pongámonos de acuerdo, yo no idealizo nada, pero hay irreverencias que provocan un profundo respeto y hay desafectos, que por decantación, se deducen como consecuencias inevitables. La dirigencia del exilio cubano junto con la inteligencia norteamericana han querido fabricar la victimización de ese exilio, cuando se han transformado, en verdad, en un engendro de verdugos de su propio pueblo. El exilio pretende “liberarse” por lo del fatalismo biológico, sin comprender que la muerte habrá de hacer con Fidel Castro, y a pesar de todas las fabricadas mentiras, lo que hizo con Bolívar, Martí, Artigas, San Martín y otros grandes etcéteras, en el contexto de una independencia que quisiéramos pensar definitiva. Se me ocurre, para terminar, que hay una canción de Silvio Rodríguez, uno de los mejores cantautores de todos los tiempos, que bien podría inscribirse en el discurso humanamente sarcástico de Fidel Castro. Su compatriota revolucionario dice en un texto musicado, aparecido en su trabajo “Domínguez”: Me Quieren I Me quieren enterrar los asesinos las comidas con sal y los espejos. Ya me han querido sepultar los viejos y algún que otro brioso nuevo pino. Me quieren enterrar donde adivino - siempre quisieron ocultarme lejos- Objeto de los fúnebres cortejos ayer u hoy parece mi destino. Ahórrense cumplidos y sudores, pronósticos de ingenio o decadencia: llevo mil años con enterradores y sé de sus señuelos y ocurrencias. Quien necesite hundirme entre las flores sólo precisa un poco de paciencia. |
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