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Columna

Publicado el 12-06-2004   enviar imprimir
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Marco Fernandez

Sweet home Alabama

Marco Fernandez
Opiniones - Cuestionando al Mundo
Director Editorial y Editor en Jefe de Gente de Minnesota

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Sweet home Alabama. No, no hablo de la película. Tampoco de la canción. Hablo del verdadero estado de Alabama. Un lugar donde la vida parece ser muy hermosa, donde hay muchas libertades y muchas oportunidades, siempre y cuando el color de tu piel sea blanco.

Parece ridículo pero Alabama es el único estado de la unión en el que es “legal” (nótese que digo “legal”, no legal) segregar las escuelas y universidades. Dicho en otras palabras, es permitido impedir que las personas de “color” entren y se registren para estudiar en escuelas de blancos.

Y si eso les parece ridículo, déjenme ponerles un segundo ejemplo. El pasado 2 de noviembre, Alabama sometió a votación una enmienda a su Constitución para retirar del texto el párrafo que prohibe la segregación en la educación. Como era de esperarse, el pueblo votó en contra de la enmienda y la Constitución continúa tal y como está escrita a la fecha.

Sweet home Alabama, sólo si eres blanco. Porque, además, la Constitución de este sureño estado establece, con palabras muy claras, que el estado “no garantiza el derecho a la educación” para ningún individuo de “color”. ¡Por Dios! Hasta donde yo recuerdo el blanco también es consideado un color y, personalmente, me parece que los blancos son realmente más amarillos y rosados que blancos. Esa misma Constitución considera un “delito” el matrimonio “inter-racial”, aunque una ley federal les impide aplicar dicha ley.

En Alabama ser persona de “color” es casi un delito. Entiéndase que hasta Hulk, el hombre verde, habría tenido problemas para vivir y estudiar en este estado. Como prueba de esto, basta con volver a los años 60. Específicamente 1963. Año en que Alabama pasó a la historia por la vergonzosa actuación de su gobernador, George C Wallace. Wallace se paró frente a la puerta de entrada de la Universidad de Alabama y con toda la arrogancia del racismo declaró que la constitución de Alabama prohibía de manera tajante que los estudiantes de “color” ingresaran a la Universidad. ¡Vergonzoso! La palabra se queda corta. No alcanza a describir las implicaciones de una actitud de ese tipo, especialmente viniendo de un gobernador. ¡Sólo en Alabama!

Wallace se enfrentó a una decisión de una corte federal que ordenó a la Universidad de Alabama abrir sus puertas a los estudiantes de “color”.
Ahora es el pueblo el que ratifica la posición de Wallace. ¡40 años después! ¡En pleno siglo 21! ¡Sigue siendo una vergüenza!

Hay quienes dicen que Alabama quedó atrapada en la era de la segregación, a mi me parece que se quedó atrapada en la era del esclavismo. Hay quienes dicen que en Alabama la guerra civil no ha terminado, a mi me parece que ni siquiera ha comenzado. El pasado esclavista de este estado se ha fundido con un presente racista, donde políticos salidos de la “dimensión desconocida” hacen campaña enarbolando la bandera del racismo y, entregando abiertamente en las calles... banderas de la Confederación de Estados de Sur.

¡Sweet home Alabama! Claro debe ser muy lindo vivir en Alabama, si eres blanco y además racista. Debe ser muy lindo vivir en Alabama si no te gusta que tus hijos vayan a la misma escuela que los niños de “color”. Debe ser muy lindo vivir en Alabama si te graduaste de una universidad donde sólo había estudiantes blancos.

La enmienda constitucional, impulsada por Ken Guin, líder del Partido Demócrata en la legislatura de Alabama, fue derrotada por un 1% de diferencia. Guin ha anunciado que volverá a intentar someter a voto la enmienda y volverá a enfrentarse una vez más a la furia de personas como John Giles, presidente de la Coalición Cristiana de Alabama, quien lanzó la campaña en contra de la enmienda y se opone a que la Constitución permita que los estudiantes de “color” estudien en las mismas escuelas que los estudiantes “blancos”. Giles afirma que está dispuesto a aceptar la enmienda, siempre y cuando el parrafo que establece que “el estado no garantiza el derecho a la educación para ningún estudiante de color” no sea modificado.

Los abolicionistas continuarán la lucha. Los racistas no darán un paso atrás. Para nosotros, los hispanos, esta es una lucha que parece ajena. ¿Ajena? No tanto, cuando descubrimos que la palabra “color” también se aplica para describir el tono bronceado de nuestra piel y por lo tanto, en Alabama, nuestros hijos también pueden ser considerados estudiantes de “color”. Lo que es peor, son nuestros hermanos los que trabajan hoy los campos que siglos atrás trabajaban los esclavos de “color”.

Sweet home Alabama debería ser una canción que todos pudiéramos cantar con gusto, no sólo aquellos cuya falta de pigmentación en
la piel y cuya falta de neuronas los hace creer que son parte de una raza superior, una raza de “color” blanco.



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