Promesas y mentiras es lo más destacado que los debates presidenciales. Como era de esperarse, las mentiras duplican, triplican y multiplican a las promesas. En el caso de George W. Bush, es un patrón de conducta que podemos seguir a lo largo de su corta carrera política. En 1995 el Partido Republicano convenció a George W. de participar en las elecciones a gobernador por el estado de Texas. Carl Rove y su gente lo convirtieron en el defensor de los valores tradicionales y lanzaron una muy agresiva campaña contra Ann Richards, entonces gobernadora del estado. La acusaron de apoyar el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, de permitir que los homosexuales gobernaran el estado, de cambiar de posiciones sobre diversos temas y de mantener un equipo incapaz de resolver los problemas de seguridad pública. El éxito de la campaña fue arrollador. En el año 2000, Bush decide lanzarse como candidato por la presidencia. Su contrincante más fuerte, dentro del Partido Republicano, el Senador John McCain. Una ola de mentiras sobre su servicio militar se desató. Se le acusó de haber mentido sobre su record. Se le acusó de haber incumplido con sus funciones durante la guerra y hasta se llegó a insinuar que no fue un prisionero de guerra sino un desertor. Se le acusó de haber traicionado a los veteranos de guerra tras haberse incorporado a la Comisión Investigadora sobre Prisioneros de Guerra en Vietnam en 1992 y de un pobre trabajo legislativo. El mismo patrón de campaña continúa. Mentira trás mentira, la campaña de Bush pintó a un John Kerry sin puntos de vista. Un hombre que cambia de opinión conforme cambian los vientos. Un hombre cuyo trabajo en el Senado ha sido votar a favor del aborto, del matrimonio homosexual y fortalecer a los liberales. Se dijo que su record militar era una mentira y que sus medallas eran inmerecidas. Hasta se dijo que sus heridas de guerra eran una farsa. El enfrentamiento llegó y en el primer debate tuvimos la oportunidad de ver a un Kerry muy diferente a la caricatura de campaña. Dos minutos después, ante la televisión nacional, las mentiras del Presidente Bush empezaron a caer una tras otra. Primero Osama Bin Laden, el hombre al que el presidente Bush prometiera traer ante la justicia en menos de un año. Tres años después dice no piensa mucho en él, es más, ni siquiera lo menciona a menudo. Le sigue la guerra en Iraq: Las inspecciones demuestran que Sadam Hussein perdió toda capacidad para fabricar armas de destrucción masiva desde el final de la primera guerra del golfo. Cambia su retórica y dice que la invasión a Iraq fue el resultado de los vínculos de Sadam y al Quaida. La comisión del 9/11 demuestra que no existen, ni existieron dichos vínculos. Es entonces cuando se convierte en una lucha por la democracia y la paz del pueblo Iraquí. La democracia quedó aplastada en la prisión de Abu Graihb y la paz quedó enterrada junto a más de 100,000 civiles iraquíes muertos y heridos en lo que va del conflicto, a los que se suman más de mil estadounidenses muertos en combate. Sigue la pelea y, en el segundo debate, John Kerry asegura que George W. Bush es dueño de un aserradero. Bush lo niega ante la televisón nacional. Pocos minutos después la información es confirmada por más de 200 fuentes periodísticas. La fuente, la declaración de impuestos del propio presidente Bush. Durante el último debate Bush dijo que el record de John Kerry no demostraba interes en la salud pública y que nunca había introducido un proyecto en este sentido durante sus 20 años de servicio. La respuesta de Kerry fue sencilla. Con una sonrisa dijo, “durante los últimos 20 años, mi record en este sentido es el siguiente: he presentado 56 inciativas de ley y he copatrocinado cientos más junto a otros senadores demócratas y republicanos”. Los medios periodísticos lo comprobaron y minutos después la verdad salía a luz. Lo asegurado por Kerry era cierto. Pero John Kerry tambien lleva su parte en este juego de mentiras y promesas. Mintió cuando dijo que el presidente Bush nunca se había reunido con el Caucus negro del Congreso, cuando de hecho sí lo hizo, en una única ocasión a principios de su mandato. Y si de promesas se trata, Kerry prometió ante las cámaras de la televisón nacional no incrementar los impuestos pero, sus planes para la reconstrucción del Seguro Social y del sistema de salud no dejan claro de dónde saldrá el dinero para pagar los gastos. El record de mentiras del presidente Bush es increible. Si hablamos de sus promesas rotas, podríamos escribir un libro. Kerry tiene una ventaja, aún no ha gobernado. El privilegio de la duda le asiste y le da una ventaja muy difícil de discutir. |
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