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Columna

Publicado el 12-01-2005   enviar imprimir
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Marco Fernandez

Alito y Bush, casi como Batman y Robin

Marco Fernandez
Opiniones - Cuestionando al Mundo
Director Editorial y Editor en Jefe de Gente de Minnesota

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No tengo mucho que decir sobre las razones que impulsaron al presidente Bush a nominar a Sam Alito para ocupar la plaza vacante dejada por el retiro de Sandra Day O´Connor. Mucha tinta se ha derramado ya sobre el tema. Me gustaría desviarme un poco de la tangente y traer a discusión un tema que seguramente va a ser crucial durante el proceso de confirmación de Alito, su posición sobre la inmigración.



Para quienes no están enterados, resulta que esta semana se hicieron públicos una serie de documentos de la era Reagan que dejan muy clara la posición de Alito respecto al tema. Alito es un abierto conservador. Un hombre de línea dura, con opiniones muy claras y una tendencia bien definida hacia uno de los extremos de la política, la ultra derecha.



Los famosos documentos de la era Reagan no dejan nada para la imaginación. Parecen una especie de premonición o “deja vu”. 20 años atrás, en 1986, el entonces asesor jurídico de la Casa Blanca escribió un memo al Director del FBI en el que claramente le indica que los “extranjeros no residentes en el país” no gozan de derechos ni están protegidos por las normas constitucionales y que por lo tanto, investigaciones que podrían ser consideradas como ilegales, eran procedentes. Este es sólo uno de los documentos publicados. Uno entre más de 120 documentos desclasificados tras una solicitud judicial presentada por The Washington Post.



Ahora ya conocemos la opinión de Alito sobre nosotros, los inmigrantes. Sabemos cómo pensaba 20 años atrás y, de acuerdo a lo que sabemos de él ahora, podemos decir, sin mucho temor a equivocarnos que las cosas no pintan bien para nosotros.



La confirmación de Alito en el puesto significaría una nueva tendencia en la Corte Suprema de Justicia. Una tendencia hacia el extremismo, hacia el conservadurismo testarudo y poco racional. Una tendencia hacia el extremo de Antonin Scalia (También miembro de la Corte Suprema de Justicia y considerado por muchos como un jurista de extrema derecha de corte religioso). Juntos harían una buena dupla, algo así como Batman y Robin.



Por su parte Bush está decidido a lograr que esta nominación se haga realidad y Alito se convierta en juez de la Corte Suprema de Justicia y ha anticipado, desde ya, una batalla que será muy fiera.



Mientras Bush prepara sus rifles para la confirmación de
Alito, se toma un descanso para visitar el sur y hablar sobre la inmigración indocumentada para, según él, promover su programa de “Trabajadores Temporales”, un programa que cada día trae menos aplausos. Para nadie es un secreto que la Casa Blanca no ha hecho nada sobre este tema, que no ha preparado ninguna iniciativa y que no ha hecho más que hablar y hablar y hablar. Que es exactamente lo que el presidente Bush hizo esta vez en Arizona.



Para quienes llevamos la cuenta de las eternas promesas del presidente Bush, ha resultado muy difícil continuar sumando. Mucho más cuando lanza mensajes mezclados que dicen “sí, son bienvenidos pero no, no los vamos a dejar pasar”, porque esto es justamente lo que hizo esta semana. Y lo hizo por puro asunto político, porque le llegó la ponzoña de sus correligionarios que sintieron sus intereses atacados cuando habló de su programa (que todavía no existe) de “trabajadores temporales” en Tucson, Arizona el domingo.



Como buen camaleón político cambió su discurso al día siguiente y, ante la sorpresa de todos los republicanos, dijo, en Phoenix, que no habrá amnistía y que buscará la forma de fortalecer los controles fronterizos contra toda la inmigración indocumentada. Amenazó con vetar cualquier propuesta de ley que otorgue una amnistía, anticipándose a fuertes rumores que dicen que el Senador Arlen Specter prepara una ley de amnistía para los más de 11 millones de indocumentados en el país y aseguró que esto no sucederá bajo su administración



El mensaje de Bush está claro, aún para los más optimistas, y es que no habrá reforma migratoria durante su gobierno, porque de hacerlo perdería el apoyo incondicional del ala ultra conservadora del Partido Republicano. También es claro que su gobierno pretende buscar una línea más dura y que el nombramiento de un juez anti-inmigrante a la Corte Suprema de Justicia favorece su posición con sus aliados ultra conservadores. Esto es sólo un adelanto de lo que nos espera en los próximos 3 años de gobierno del presidente Bush. Un adelanto de lo que podría ser un magnífico “duo dinámico”, casi como Batman y Robin, que pondrá a temblar a todos los inmigrantes en este país.

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