La justicia es ciega, no cabe duda al respecto. También es sorda, muda, carece de olfato, no tiene gusto, tiene una pierna quebrada, un brazo torcido, sufre de hipertensión y hasta de diabetes. Quienes hemos conocido la justicia latinoamericana, sabemos que la justicia también se vende, se viste con harapos, camina con muletas y trabaja para los gobiernos corruptos. De no ser así, resulta difícil explicarse cómo es posible que sucedan las cosas que suceden en este mundo. Por un lado un tribunal en Chile declara a lugar el desafuero en contra de Augusto Pinochet, esa misma tarde, en ese mismo edificio, otro tribunal declara que Pinochet no puede ser juzgado por los crímenes cometidos durante la Operación Condor. Pasan unos cuantos días y luego, un tribunal de México encuentra a Raúl Salinas de Gortari inocente de todos los cargos en su contra y lo absuelve. Unos días más y Michael Jackson es hallado inocente por un jurado que llegó a la conclusión que su único crimen es ser “algo” extraño. ¡Dios, la justicia tiene que estar ciega! ¡más ciega que un topo! Para que cosas como estas sucedan... Recuerdo cuando era niño, tras la masacre en la embajada de España en Guatemala, la gente exigía justicia. Exigía que se juzgara a los responsables, que se siguiera causa penal contra las fuerzas de seguridad involucradas, pero la justicia nunca llegó. Llegué a la adolescencia y Guatemala seguía esperando que la justicia llegara. Me convertí en un adulto y la justicia nunca llegó. Han pasado casi 30 años desde entonces y la justicia todavía no llega. No me hago esperanzas, me parece que nunca llegará. Los chilenos no tienen muchas esperanzas, tampoco los argentinos. Tampoco la tienen los uruguayos, los salvadoreños, los hondureños, los nicaragüenses ni muchos, muchísimos países más. Lo que sucede es que la justicia es ciega y por eso no ha podido darse cuenta que ha favorecido muchas veces al criminal, no a la víctima. ¿Cómo más podría explicarse el que Augusto Pinochet camine por las calles como un hombre inocente? ¿Cómo más podría explicarse que Efraín Ríos Mont sea considerado un Mesías por miles de seguidores en Guatemala? ¿De qué otra forma podría explicarse la decisión del gobierno de Carlos Menem y el congreso argentino de declarar una amnistía a favor de los oficiales del ejército involucrados en crímenes contra civiles durante la dictadura? No hablemos entonces de Radovan Karadzic y Rato Mladic, asesinos serbios, responsables de la masacre de miles de musulmanes y croatas en la antigua Yugoslavia. Ambos caminan como hombres libres aún cuando órdenes de captura internacionales pesan sobre sus cabezas por los crímenes de guerra cometidos contra sus propios ciudadanos. Pero bien, no olvidemos lo que dije al principio, también es sorda. Esta semana se cumple otro aniversario del suicidio de la única hija de Rato Mladic, Svetlana. Una joven serbia, estudiante de leyes que fue incapaz de vivir con la vergüenza de ser hija de su padre. Esta hermosa joven leyó en los periódicos extranjeros las atrocidades cometidas por su padre. Lo enfrentó y le preguntó si era cierto. Dicen los testigos que Mladic la vio sin inmutarse y respondió con un “sí” tan seco que hasta produjo un enorme eco. A la mañana siguiente el cuerpo de la joven fue hallado por una amiga. Se suicidó colgándose en su habitación. En la cama había una nota que decía “no existe la justicia”. La justicia es sorda y la muerte de Svetlana es la prueba. El mundo entero escuchó la confesión de Mladic, el mundo entero, menos la justicia. Aunque no parezca cierto, una luz de esperanza existe en Argentina. Esta semana, un tribunal declaró inconstitucional la ley que garantizaba la inmunidad a los oficiales involucrados en violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Se dio el primer paso. Pero ahora la pregunta del millón es ¿se hará justicia en Argentina? ¿se juzgará y condenará a los asesinos? O pasará lo mismo que en Chile? Espero que la justicia no se haga otra vez la de la vista gorda (perdón quise decir la ciega) y no vea la tremenda oportunidad que tiene de reivindicarse con el pueblo latinoamericano, juzgando y condenando a los asesinos del pueblo. La justicia tiene una oportunidad de oro para demostrar que estoy equivocado, que no es ciega (por lo menos en ese sentido), que no es sorda, muda, ni tiene una pierna quebrada. Tiene una oportunidad de oro para demostrar que esos rumores de hipertensión no son ciertos y que lo de la diabetes es una patraña. Tiene una oportunidad única para demostrar que lo de las muletas es un invento sensacionalista y nada más. Que es muy capaz y que los criminales argentinos no pasarán a engrosar las filas del mismo equipo en el que juegan Augusto Pinochet, Efraín Ríos Montt, Fernando Romeo Lucas García, Carlos Arana Osorio, Idi Amin, Gloria Trevi, Sergio Andrade, Carlos Salinas de Gortari, Raúl Salinas de Gortari y muchos más que se ríen a pierna suelta de los esfuerzos de los pueblos por darles su merecido. Tiene que aprovechar la oportunidad y luego, aunque sea arrastrando las muletas, debe salir a toda prisa hacia Guantánamo, Irak y Afganistán, para demostrar que no sólo estoy equivocado, sino que además es capaz de hacer su trabajo en todo el mundo. |
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